domingo, 3 de noviembre de 2013

Isaias 40: 30 - 31

Aun los jóvenes se cansan, se fatigan, y los muchachos tropiezan y caen; pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán. -Isaías 40:30-31 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Reflexión

Espero que te guste: Había pasado todo el día con su mamá, en un gran almacén. Esa bella pelirroja, con cara pecosa, clara imagen de la inocencia, no debe de haber tenido más de 6 años. Cuando se disponían a abandonar el almacén, llovía a cántaros. Aquella clase de lluvia que, cuando cae tan fuerte desde las nubes, no logras distinguir la distancia entre una gota y otra... ni siquiera las ves golpear el suelo... Todos nos quedamos frente a la puerta, resguardados de la lluvia. Esperábamos, algunos con paciencia, y otros irritados porque la naturaleza les estaba estropeando su prisa rutinaria. Siempre me ha encantado la lluvia. Me pierdo ante la vista de los cielos, lavando la suciedad y el polvo de este mundo. Al mismo tiempo, los recuerdos de mi infancia, corriendo bajo la lluvia, son bienvenidos como una forma de aliviar todas mis preocupaciones La voz de esta chiquita era muy dulce, y rompió mi trance hipnótico con esta inocente frase: "Mamá, corramos a través de la lluvia". "Mamá, corramos a través de la lluvia".  "Sí, mamá... Corramos a través de la lluvia".  "No, mi amor... Esperemos a que baje la lluvia", contestó la mamá pacientemente... La niña esperó otro minuto, y repitió: “Mamá, corramos a través de la lluvia" Y la mamá le dijo: : "Pero si lo hacemos, nos empaparemos..." "No, mamá, no nos mojaremos. Eso no fue lo que le dijiste esta mañana a papá..." Tal fue la respuesta de la niña, mientras hablaba del brazo de su madre... "¿Esta mañana? ¿Cuándo dije que podemos correr a través de la lluvia, y no mojarnos?" "¿Ya no lo recuerdas? Cuando hablabas con papá acerca de su cáncer, le dijiste que si Dios nos hace pasar a través de esto, puede hacernos pasar a través de cualquier cosa". Todos nos quedamos en absoluto silencio. Juro que  no se escuchaba más que la lluvia. Todos nos quedamos parados, silenciosamente. Nadie entró ni salió del almacén en los siguientes minutos. La mamá se detuvo a pensar por un momento acerca de lo que debería responder. Este era un momento crucial en la vida de esta joven criatura, un momento en el que la inocencia y la confianza podían ser motivadas, de manera que algún día florecieran en una inquebrantable fe... "Amor, tienes toda la razón. Corramos a través de la lluvia. Y si Dios permite que nos empapemos, puede ser que Él sepa que necesitamos una lavadita". Y salieron corriendo... Todos nos quedamos viéndolas, riéndonos mientras corrían por el estacionamiento, pisando todos los charcos. Por supuesto que se empaparon, pero no fueron las únicas... Las siguieron unos cuantos que reían como niños mientras corrían hacia sus carros.Sí, es cierto, yo también corrí. Y sí, también me empapé... seguro Dios pensó que necesitaba una lavadita. Las circunstancias o las personas pueden quitarnos nuestras posesiones materiales, pueden llevarse nuestro dinero, y pueden llevarse nuestra salud. Pero nada ni nadie puede quitarnos nuestras más valiosas posesiones:Nuestros Recuerdos. Así que no olvides tomarte el tiempo y la oportunidad de llenarte de recuerdos cada día. Un amigo me envió esto para recordarme precisamente eso: Cada memoria es un ladrillo que construye mi vida. Espero que, de vez en cuando, te tomes tu tiempo para correr a través de la lluvia: TÓMATE TU TIEMPO PARA VIVIR! Y nunca olvides: A veces Dios quiere que te des una “empapadita”. Pero jamás te dejará sólo bajo la lluvia. Y si te ha permitido pasar por tormentas en tu vida…… También pasará ésta, y la otra y la que sigue… Y después de cada una de ellas, verás nuevamente su amor y sus promesas en cada arco iris. 

Desconozco su Autor

Disfruta palabras de liberacion 

domingo, 23 de junio de 2013

Isaias 41:10


Isaías 41:10 

 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. 

domingo, 24 de junio de 2012

Hay una Mujer

Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados;
Una mujer que siendo joven tiene reflexión de una anciana, y en la vejez trabaja con el vigor de la juventud;
Una mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida, con más aciertos que un sabio y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños;
Una mujer que siendo pobre, se satisface con la felicidad de los que ama, y siendo rica daría con gusto todo su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud;
Una mujer que siendo débil se reviste con la bravura de un león;
Una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero que después de muerta daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un solo instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.

Esa Mujer es.. Mi Madre.

La Abnegacion de una Madre

Un joven con un récord académico excelente fue a solicitar un puesto directivo en una gran empresa. Pasó la primera entrevista, y debía presentarse con el director, quien hacía la última entrevista, y era quien tomaba la decisión final. El director observó que los logros académicos del joven fueron excelentes en todo momento. Desde la escuela secundaria hasta el postgrado, siempre había tenido excelentes calificaciones.

El director le preguntó:
- ¿Obtuviste alguna beca en la escuela?

El joven respondió:
- Ninguna.

El director le preguntó:
- ¿Fue tu padre quien pagó los gastos de tu escuela?

El joven respondió:
- Mi padre falleció cuando tenía un año de edad, era mi madre la que pagaba todo.

El director le preguntó:
- ¿Dónde trabaja su madre?

El joven respondió:
- Mi madre trabajaba lavando ropa.

El director le pidió al joven que le mostrara sus manos. El joven mostró un par de manos lisas y perfectas.

El director le preguntó:
- ¿Alguna vez ha ayudado a su madre a lavar la ropa?

El joven respondió:
- No, mi madre siempre quiso que yo estudiara y leyera más libros. Además, mi madre puede lavar la ropa más rápido que yo.

El director le dijo:
- Tengo una petición. Al volver hoy a su casa, limpie las manos de su madre, y luego venga a verme mañana por la mañana.

El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era muy alta. Así que cuando regresó a su casa, le pidió a su madre que le permitiera limpiarle las manos. Su madre se sintió extraña, y con sentimientos encontrados, pero le mostró finalmente sus manos a su hijo.

El joven comenzó a limpiar las manos de su madre poco a poco. En la medida que lo iba haciendo, sus lágrimas empezaron a salir de sus ojos. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su madre estaban tan arrugadas, y con tantas callosidades y contusiones. Algunos eran tan dolorosos, que su madre se estremeció cuando él los limpió solo con agua.

Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de que ese par de manos que lavaban ropa todos los días, eran los que hacían posible pagar la cuota de la escuela y la universidad. Los moretones en las manos de su madre fueron el precio que pagó por su graduación, por su excelencia académica y su futuro.

Después de terminar la limpieza de las manos de su madre, el joven lavó toda la ropa restante. Esa noche, madre e hijo hablaron durante un largo tiempo.

A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director. El director notó lágrimas en los ojos del joven, así que le preguntó:
- ¿Puede usted decirme qué hizo y que aprendió ayer en su casa?

El joven respondió:
- Yo limpié las manos de mi madre, y también terminé de lavar toda la ropa que aún faltaba.

El director le preguntó:
- Por favor, dígame ¿qué sintió?

El joven le dijo:
- Ahora sé lo que es la apreciación. Sin la abnegación de mi madre, yo no habría tenido éxito.
- Al ayudar a mi madre a lavar la ropa, me di cuenta de lo difícil y duro que es su labor.
- He logrado apreciar la importancia y el valor de la relación familiar.

El director le dijo:
- Esto es lo que estoy buscando en mis gerentes. Quiero contratar a una persona que aprecie la ayuda de los demás, una persona que conozca el sufrimiento de los demás para hacer las cosas, y una persona que no tenga el dinero como su única meta en la vida. Usted está contratado.

Con el paso del tiempo, este joven trabajó muy duro, y recibió el respeto de sus subordinados. Cada empleado trabajó con diligencia y en equipo. El desempeño de la empresa mejoró enormemente.

Autor Desconocido